
“Filosofía” puede significar “una forma de ver el mundo”, y también significa en un sentido más restringido “descifrar las evidencia cuotidianas”, acentuando el aspecto “crítico” en la forma de ver el mundo, que vendría a ser la forma más general o “conformista” de la filosofía.
Ambos sentidos tienen aplicación tanto si nos referimos a la “filosofía común” como a la “filosofía académica o de los profesores”.
Al hablar de “descifrar”, es obvio que “descifrar” supone una piedra de la Rosetta que nos permita descubrir los significados ocultos.
¿Cuál es la piedra de la Rosetta que permite la crítica filosófica?
Decía Kant que “si nada está dado no es posible la comparación”; no existe, por tanto, la tabula rasa de que hablaba Locke. Utilizando un lenguaje contemporáneo, “dados” están el hardware y el software, lo que, tradicionalmente, en filosofía se ha denominado el sustrato biológico y el sustrato cultural:
“Los horizontes de nuestras biografías y de nuestras formas de vida, forman un todo poroso de familiaridades que nos resultan prerreflexivamente presentes y que retroceden ante los intentos de intervención reflexiva”, (J.Habermass, El pensamiento postmetafísico).
Gracias a ese “trasfondo” se hace posible “el dominio de situaciones” y se constituye un “stock de un saber acreditado en la práctica comunicativa”, lo que lleva a la consolidación de “patrones de interpretación” que pueden trasmitirse “generando valores y normas”,(o.c.)
Lo que quiere decir que, la cultura, la educación, “los horizontes de nuestras biografías y de nuestras formas de vida”, son la clave para las interpretaciones del mundo. No hay una “iluminación mágica” que proporcione a los elegidos, filósofos o no, la “verdadera interpretación”, como, al parecer, opinaban Parménides, Platón, et alii.
Ambos sentidos tienen aplicación tanto si nos referimos a la “filosofía común” como a la “filosofía académica o de los profesores”.
Al hablar de “descifrar”, es obvio que “descifrar” supone una piedra de la Rosetta que nos permita descubrir los significados ocultos.
¿Cuál es la piedra de la Rosetta que permite la crítica filosófica?
Decía Kant que “si nada está dado no es posible la comparación”; no existe, por tanto, la tabula rasa de que hablaba Locke. Utilizando un lenguaje contemporáneo, “dados” están el hardware y el software, lo que, tradicionalmente, en filosofía se ha denominado el sustrato biológico y el sustrato cultural:
“Los horizontes de nuestras biografías y de nuestras formas de vida, forman un todo poroso de familiaridades que nos resultan prerreflexivamente presentes y que retroceden ante los intentos de intervención reflexiva”, (J.Habermass, El pensamiento postmetafísico).
Gracias a ese “trasfondo” se hace posible “el dominio de situaciones” y se constituye un “stock de un saber acreditado en la práctica comunicativa”, lo que lleva a la consolidación de “patrones de interpretación” que pueden trasmitirse “generando valores y normas”,(o.c.)
Lo que quiere decir que, la cultura, la educación, “los horizontes de nuestras biografías y de nuestras formas de vida”, son la clave para las interpretaciones del mundo. No hay una “iluminación mágica” que proporcione a los elegidos, filósofos o no, la “verdadera interpretación”, como, al parecer, opinaban Parménides, Platón, et alii.

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